En
este comienzo de siglo, Brasil sigue siendo un país
de grandes contradicciones. Al tiempo que exhibe una activa
e influyente economía, mantiene grandes focos de pobreza
endémica. Con una mano, el gobierno de Lula promovió
una estrategia contra el hambre que fue aplaudida mundialmente,
pero con la otra dilapidó, en escándalos de
corrupción, el capital ético que ostentaba el
Partido de los Trabajadores y adoptó una política
económica conservadora que trabó el crecimiento.
Sin embargo, la reelección de Lula parece un hecho.
¿Podrá en su segundo mandato reformar la política
y atender el desafío de la creciente violencia urbana?
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